Bimon está pasando frío. Mucho frío. Hoy, incluso con abrigo, temblaba como un flan. Y no es justo.
Bimon es un perro abuelito, de esos que no deberían conocer jamás el frío de un refugio. Fue sacado de la perrera cuando era solo un cachorro y tuvo un hogar durante toda su vida… hasta que, ya senior, todo se vino abajo.
Hace dos años llegó al refugio junto a otros dos perritos, todos mayores, todos desubicados, sin entender por qué, a su edad, habían perdido su casa. Su humana enfermó gravemente y la familia decidió no hacerse cargo. La historia de siempre… la más triste. Hoy Bimon es el único que queda.
Dos inviernos ya soportando lluvia, humedad y frío. Dos inviernos lejos de un sofá, de una manta, de ser “el niño de la casa”. Y aun así, ahí sigue. Como un campeón. Pero cada día pesa más la impotencia de pensar que quizá no lleguemos a tiempo para devolverle ese brillo en los ojos, esa felicidad sencilla de sentirse querido de verdad.
Bimon llegó siendo un poco refunfuñón con otros perros, normal después de todo lo vivido. Poco a poco ha ido cambiando. Cada día tolera mejor, confía más. En el momento de la comida hay que vigilar, sí, pero fuera de eso es un amor. Antes no sabía compartir caricias… ahora ya lo hace. Ahora acepta que las manos también pueden ser para todos y no pasa nada. Eso es evolución. Eso es esfuerzo. Eso es ganas de vivir tranquilo.
Lo que Bimon necesita no es un milagro, necesita una casa, calor, rutina, paz. Necesita a alguien que lo mire y le diga: “tranquilo, ya estás en casa”.
Buscamos adopción urgente o casa de acogida para este abuelito. No sabemos cuánto tiempo le queda, pero sí sabemos que no merece pasarlo temblando.
Por favor… que el próximo invierno de Bimon sea en un hogar.





